En Maranello, donde la precisión es ley y la emoción una constante, Ferrari ha decidido mirar hacia Oriente para reinterpretar su esencia. Así nace el Ferrari 12Cilindri Tailor Made: no como un automóvil, sino como una obra que respira cultura, memoria y vanguardia.
Durante casi dos años, artistas surcoreanos, diseñadores europeos y una visión editorial proveniente de Norteamérica tejieron un diálogo silencioso entre tradición y futuro. El resultado es una pieza irrepetible que trasciende la ingeniería para convertirse en narrativa visual.
La pintura Yoonseul —inspirada en el reflejo del sol sobre el mar— no se limita a cubrir la carrocería: muta. Verde, violeta, azul… cada matiz evoca la cerámica celadón y la energía nocturna de Seúl. Es un automóvil que cambia con la luz, como si tuviera conciencia del entorno.
En el interior, la materia se vuelve poesía. Tejidos de crin de caballo reinterpretados por Dahye Jeong flotan entre superficies, proyectando sombras casi etéreas. El arte no adorna: habita. Incluso el sonido del V12 —6.5 litros, 830 caballos y hasta 9,500 rpm— se traduce en lenguaje visual sobre la carrocería, convirtiendo la acústica en grafismo.
Con más de 340 km/h de velocidad máxima y una aceleración de 0 a 100 km/h en apenas 2.9 segundos, el 12Cilindri reafirma su linaje Gran Turismo. Sin embargo, aquí el rendimiento es solo el inicio. Lo verdaderamente excepcional es su capacidad de integrar disciplinas, de transformar cada detalle en una experiencia sensorial.
Este Ferrari no se contempla únicamente: se descifra. Y en ese proceso, revela algo más profundo que el lujo—una nueva forma de entender el tiempo, la cultura y el movimiento.
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